Una vida diferente.
1.
Estoy tumbada
boca abajo en la cama de la que es ahora y durante una temporada mi habitación.
Mí compañera esta sentada en su escritorio estudiando Psicología. Mientras que
yo, teniendo el libro delante, no puedo dejar de pensar en días atrás. Hace dos
meses mis padres decidieron cambiarme de
escuela y de ciudad. Sí, ellos no se cambiaron y mi hermana, el orgullo de la
familia, tampoco.
Decidieron
ponerme en un internado cuando vieron las notas del primer trimestre y después
de varias tutorías con mis profesores.
- Verónica, ¿me estas escuchando? –
esta es Carolina, mi compañera de
habitación, como siempre molestando.
- ¿Qué quieres? – le pregunto con
tono mal humorado.
- Me voy al comedor, es hora de
cenar… ¿te vienes?
- No.
Y sin añadir
nada más, vuelvo a bajar la cabeza hacia mi libro. Cuando mis padres decidieron
traerme aquí, me quitaron el móvil y el ordenador portátil. Decían que no
necesitaba ponerme en contacto con nadie de fuera que me pudiese distraer,
ellos cada vez que me quieren llamar,
llaman al teléfono de nuestro sector y la vigilante de turno me avisa cada vez
que me llaman. Des que estoy aquí solo e hablado con ellos dos veces, no es que
no hayan llamado… porque la verdad es que llaman casi todos los días.
Simplemente no puedo hablar con ellos. Me han separado de Alex y de Amaia.
Amaia es mi
mejor amiga, des de bien pequeñitas. La mayoría de mis recuerdos de la infancia
aparece ella. La verdad que la hecho muchísimo de menos. Alex es mi novio. Me
gustaría saber si se ha intentado poner
en contacto conmigo. Cuando empecemos a Salir, parecía el chico
perfecto, atento, guapo, me cuidaba como si fuera una muñequita de porcelana.
Yo estaba y estoy perdidamente enamorada de él, aunque la gente este totalmente
en contra de nuestra relación. Y en parte estoy aquí por su culpa. Estaba todo
el día con él, me salte tantas clases por estar a su lado. Amaia me aviso
tantas veces de que tipo de chico era,
pero no fui capaz de escucharla. Y mis padres me amenazaron tantas veces
que me pondrían en un sitio como este, que jamás pensé que serian capaces. Pero
aquí estoy, alejada de todos y sin nada.
Están llamando
a la puerta, seguro que es la pesada de Carolina que se ha dejado las llaves.
Tiro el libro encima de la cama, las páginas del medio quedan dobladas.
Cuando abro la
puerta me encuentro con un chico alto, con una pequeña cresta y los ojos color
miel.
- Perdona, creo… creo que me
equivocado. – estamos unos segundos mirándonos a los ojos.
- Si, seguro. – contesto cuando
separo mi mirada de la suya. – anda entra– le pregunto antes de que se diera la
vuelta.
- Estaba buscando a mi hermana,
Carol.
- Puf… ¿esa pesada y tú sois hermanos? – levanta un poco la deja
izquierda. – pasa, supongo que no tardara. Pensaba que erais pareja.
Antes de que
cierre la puerta, la encargada de noche la para poniendo el pie. Hoy le toca a Rosa. Es una de las mayores y de
las únicas personas que e hablado des que estoy aquí. Antes de que me diga que
mis padres están al teléfono niego con la cabeza. No tengo ganas de hablar con
nadie, a no ser que sean Amaia o Alex. Dejando a Rosa en la puerta y al hermano
de Carolina delante del escritorio, me tumbo en mi cama, volviendo al libro. Sé
que los dos me están mirando, pero paso. No tengo ganas de discutir.
- ¿Por qué eres así? – de repente la
voz de Rosa suena por toda la
habitación. Una voz dulce pero a la vez fuerte. - ¿Qué haces tu aquí? – parece
que se acaba de dar cuenta de la presencia de un chico en la residencia de las
chicas.
- Estoy esperando a mi hermana, es
Carolina, tengo permiso del director.- Rosa asiente con la cabeza sin añadir
nada más.
- No les voy a decir ninguna escusa
más, si no quieres hablar con ellos, no soy nadie para obligarte, pero basta ya
de escusas. – mi única contestación es un leve movimiento de hombros de
indiferencia. – tu misma. – me mira durante unos segundos y seguidamente sale de la habitación sin decir
nada más, simplemente cerrando la puerta después de salir. En cuanto sale, dejo
escapar un suspiro que parece no acabar nunca.
Carolina no
tarda mucho en llegar. Cuando entra,
antes de percatarse de que su hermano esta sentado en su silla del escritorio,
me dice que mis padres están al teléfono, otra vez. Mi contestación es la misma
que le he dado hace un cuarto de hora a Rosa. Cojo mis cosas del armario y
salgo de la habitación sin decir nada, pero antes de irme hacia al baño, paso
por la biblioteca, donde hay
ordenadores. Hasta ahora no e tenido ni un segundo para saber si me puedo
conectar a las redes sociales para poder hablar con mi gente. Dejo el neceser y
el pijama encima de la mesa y espero impaciente a que se encienda el ordenador.
Busco las páginas donde puedo hablar con
Alex o Amaia. Consigo entrar, y sonrió como una tonta al ver que están ambos
conectados. Hoy no tengo mucho tiempo para hablar, pero ahora que ya sé que
puedo entrar, creo que esto se hará bastante más fácil. Lo primero que hago es
abrir una conversación con Alex. Mientras estoy escribiéndole me llega un
mensaje de Amaia.
Amaia:
¡Vero!
– acompaña mi nombre con un icono con
una gran sonrisa.
Vero4: Hola,
¿Cómo estas? (hoy no tengo mucho tiempo para hablar), ¿todo bien? y ¿Alex?
¿Sabes algo de él?
Amaia: yo
estoy bien, te extraño muchísimo… pues de Alex no se nada… no lo e vuelto a ver
des de que te fuiste.
Vero4: yo
también te extraño mucho… mis padres me han sacado todo... se han quedado con
mi móvil y el ordenador…
Amaia: ¿y
porque?
Vero4: no
se… me deben de tener ¡asco!
Amaia: no
digas eso… me han venido a ver…
Vero4: ¡¿Qué?!
¿Por qué? Amaia me tengo que ir, déjamelo en un mensaje, y si ves a Alex, dale
recuerdos de mi parte.
Sin dar tiempo
a que me conteste apago directamente el ordenador. Y me dirijo corriendo hacia
al baño. Dentro de cinco minutos se acaba mi tiempo de aseo.
Mientras
me ducho rápido y corriendo no puedo
parar de pensar en porque mis padres han ido a la casa de Amaia, no pintan nada
allí. Y por que Alex no me a contestado cuando le hablado. ¿Y si ya no siente
lo mismo? No puede ser, solo llevo dos meses aquí, seguro que no ha dejado de pensar
en mi, como yo no lo he hecho con él. Cuando salgo de la ducha, decidida en llamar a mis padres
y preguntárselo a ellos, me encuentro a Carolina, con las manos apoyadas en la
pica y con la cabeza baja. Me pongo las
cosas en el lavamanos de su lado, des del espejo puedo ver que esta llorando.
- Si no te das prisa, se te acabara
el tiempo de aseo. – mi tono no es el apropiado para el estado con el que veo a
Carolina. Pero des de hace mucho tiempo
es el único tono que me sale. Por primera vez, no me contesta a mis reproches.
Antes de irme, me detengo y la miro. –
¿necesitas algo? – le pregunto con el mejor tono que puedo.
- No.
Y sin añadir nada más, salgo del baño. Cuando entro en la habitación, me encuentro a Marc. Esta sentado en su cama, con la cabeza entre las manos.
- Bueno… - exclamo nada más verlo. Se
sobresalta al verme. – tranquilo ya me
voy. – tiro el neceser y la ropa encima de la cama y salgo de la habitación.
En el pasillo
no hay nadie. Apenas cuatro o cinco chicas que van y vienen de su turno de
aseo. La biblioteca esta llena, pronto será el toque de queda, cuando todos
los alumnos tienen que estar en sus
respectivas habitaciones. No se porque, pero tengo el presentimiento que esta
noche en mi habitación seremos tres. Cuando llego delante del mostrador, donde
esta Rosa y Emilia, las dos se me quedan mirando, y ninguna de las tres decimos nada. Hasta que
Rosa me da el teléfono, antes de dármelo marca
el número de mi casa. Me siento en las sillas que están delante del
mostrador, para tener un poco de intimidad,
aunque allí, poca.
- Ever, dile a mama que se ponga.
- Hola, Vero. ¿Cómo estas?
- Dile a mama o a papa que se ponga.
- Hola Verónica, ¿Cómo estas?
- ¿Por qué papa? ¿Por qué tenéis que
continuar metiendo en mi vida? Ya estoy lejos de Alex, mis notas van a mejorar
este trimestre, ¿porque tenéis que seguir metiéndoos?
- ¿Cómo lo sabes?
- ¿¡lo único que te importa es como
lo se!? – mi voz se eleva más de la cuenta, llamando la atención de Rosa. -
Mira da igual, no me importa. Solo quiero que sepáis que no me podréis tener
toda la vida aquí encerrada, ya que acabo el bachillerato dentro de dos años.
Adiós. – le devuelvo el teléfono a Rosa y le digo que cuando llamen les diga
que no quiero hablar con ellos, que cuando este preparada ya lo hare yo. – buenas
noches.
Cuando me
suena el despertador, me doy cuenta, que voy a ir muy justa de tiempo. Me quito
rápido la parte de abajo, cuando me doy cuenta que Carolina todavía esta
durmiendo. Le tiro el almohadón encima y de repente se levantan dos personas.
Esta su hermano. No puedo evitar sonrojarme. Voy corriendo a mi cama donde
había tirado el pantalón. Y me lo pongo lo más rápido que puedo.
- ¿pero que haces Verónica? –
pregunta Carolina con voz de dormida y frotándose los ojos.
- ¿has visto la hora que es? – los
ojos de Carolina se le abren de seguida y salta por encima del chico.
- Chicas… hoy es…
- Tu cállate, Marc.
- Pero… ¡que es sábado! – por un
momento las dos miramos al chico y luego
nos miramos mutuamente. Y por primera vez las dos rompemos en una carcajada sonora.
Nos volvemos a sentar en nuestras camas. – vaya par… la pesada y la borde.
- ¡Yo no soy pesada! – exclama
Carolina.
Yo a mi
defensa no puedo decir nada. Ya que reconozco que durante estos dos meses que
llevo aquí le he hecho la vida imposible a Carolina, quien ha estado viviendo
sola en esta habitación, des de hace años por lo que puede escuchar el sábado
pasado, que vino una amiga suya a verla. Recordando esto y que hoy no tengo
nada que hacer, decido ir a la biblioteca y enviarle un correo a Alex y ver si
Amaia me había escrito. Ayer no pude ver si tenía algún correo electrónico.
Cojo el uniforme bajo la mirada de los dos hermanos.
- ¿Qué haces? ¿No sabes que los
sábados y Domingos puedes llevar tu ropa?
- No, no lo sabía. – me dirijo a mi
armario donde tengo un poco de ropa. Mis
padres tampoco me dejaron coger gran cosa, ya que decían que aquí no la
necesitaría. – bueno lo cojo igualmente, así lo pongo en la lavadora.
Los dos
hermanos se miran como si hubiese dicho
algún dispárate. Supongo que ellos se los llevaran sus padres cada sábado que
los vienen a ver. Des que estoy aquí, mis padres han venido los domingos.
Espero que mañana no se atrevan a venir, ya que abran hecho un viaje de tres
horas en coche para nada. Porque igual que no quero hablar con ellos por
teléfono, claro esta que tampoco quiero verlos.
Antes de ir a
lavar la ropa, decido pasar por la biblioteca, solo son las ocho y media, en un
sábado la mitad de la plantilla estará durmiendo, a no ser que tengan visitas.
Pero a la mitad, por lo que he podido ver solo los vienen a visitar una vez
cada mes.
Al enchufar el
ordenador y abrir mis redes sociales no hay nadie conectado. No es de extrañar,
hasta la una o las dos no habrá nadie. Abro el correo donde veo que Amaia me
envió el mensaje, ayer nada más desconectarme. Pero antes de abrirlo miro en mi
bandeja de entrada, a ver si tenía alguno de
Alex. Pero me desanimo al ver que no hay ninguno. Durante estos dos
meses no se nada de él. Apenas se ha querido poner en contacto conmigo. Y por
lo que me dijo anoche Amaia tampoco lo ha hecho con ella. Clico encima del
sobrecito, donde pone el nombre de mi amiga.
“Vero, como te he dicho antes tus padres me hicieron una visita. Bueno
tu hermana también estaba…” ¿mi
hermana que pinta en todo esto? Si siempre me ha hecho la vida imposible. Ella
es la que saca todo dieces, la que tiene el novio ejemplar, el orgullo de la
familia. “sé que te estarás cabreando y
preguntando que pinta Ever, pero la verdad es que estaba bastante preocupada.
Me preguntaron si te habías puesto en contacto conmigo o con Alex. Y si él lo
había hecho conmigo… como te he dicho no se nada de él, pero me llegan rumores
que no te gustaría escuchar. Un beso de tu amiga Amaia.”
¿Rumores? ¿Estará con otra? No, no
puede estar con otra, el día que nos despedimos me dijo que me esperaría hasta
que volviera por las vacaciones del segundo trimestre. Solo son rumores,
rumores que me estoy imaginando yo sola, ya que Amaia no me ha dicho sobre que son. Así que podrían
ser perfectamente sobre otras cosas. Cierro el ordenador y voy hacia la
lavandería. Es la única sala que tenemos en común los chicos y las chicas,
aparte de las clases y el comedor. Bueno y una sala de entretenimientos que
solo esta abierta los fines de semanas. En la lavandería no hay nadie. La
verdad, es que pocas veces e visto a gente por aquí. Yo creo que la mitad de
personas que están aquí, es porque sus padres son unos ricachones que no saben
que hacer con tanto dinero y que piensan que porque duerman, coman y pasen la
mayoría de tiempo en el mismo sitio donde estudien tendrán mejor notas o serán
más listos. Des de que empecé, solo he hecho tres exámenes, pero más de la
mitad de la clase llevaba chuletas escondidas entre los estuches, la falda o el
pantalón del uniforme...
Mientras pongo la lavadora, empiezo
a pensar en Alex. No lo puedo evitar. Son siete meses a su lado. Momentos
inolvidables, algunos un poco desagradables, pero él me quiere, yo sé que me quiere. A pesar de todo
lo que me han dicho la gente. ¿Que pasa que porque haya estado metido en drogas
en su adolescencia no puede haber cambiado? Yo sé que ha cambiado, él me lo
dijo y yo lo creo.
Tengo una hora de espera, así que
voy al baño a cambiarme y vuelvo a la habitación a dejar el pijama. Carolina y
su hermano están hablando. Ella esta llorando y él tiene los ojos rojos. Dejo
las cosas sin decir nada y vuelvo a salir. Bajo las escaleras, la verdad, es
que cuando este edificio viejo esta tan vació, da miedo. Salgo a los jardines.
Es el único exterior que puedo ver, ya que soy menor de edad y sin el permiso
de mis padres no puedo salir de este lugar.
Rosa esta en un rincón apartado,
fumando un cigarro, con los brazos cruzados. Para ella tampoco debe de ser
fácil. Ella también esta lejos de su familia y su marido. Lo escuche una noche
que no podía dormir. Utilizo el teléfono con el que los alumnos nos ponemos en
contacto con los padres. Por lo que pude escuchar, tiene una niña y un niño. Me
acerco a ella. Con la escusa del cigarro fue cuando empecé a hacerme con Alex. Todo
empezó por llamar su atención. Pidiéndole fuego, luego un cigarro… y así hasta que por fin pareció
fijarse en mi, ¿para que? Para que ahora mis padres me separen de él. Aparte,
esto acabó poco después de que empezáramos a salir.
- Buenos días, Rosa.
- Que madrugadora. – me saluda con una sonrisa. – te has equivocado al poner la alarma,
¿verdad?
- Si… pero bueno así aprovecho para dar una vuelta por los
jardines, lavarme el uniforme, hacer los deberes… y esas cosas.
- ¿no llamaras a tus padres hoy?
- No, y si llaman diles que no quiero saber nada de ellos.
- No digas eso Verónica, sé que eres una buena chica, y que
te estas escondiendo debajo de un muro de cemento…
- Tú no me conoces.
- Llevo tantos años trabajando en institutos, e visto
adolescentes de todo tipo… y conozco a las chicas como tú. Para mí, ya no
tenéis secretos. – se le escapa una sonrisa cansada.
- Da igual como sea, no quiero hablar con ellos. Me han
separado de mis amigas, de mi novio… y
de ellos. – las ultimas palabras me salen en forma de un susurro que apenas no lo oigo ni
yo misma. – pero me da igual, les voy a demostrar que no consiguen nada. Que
soy como soy y punto.
Estamos
hablando durante un buen rato más, hasta que su compañera sale y le avisa que
es hora de cambiar. Voy a la lavandería, apenas quedan unos minutos. Enseguida
acaba y pongo el uniforme a la secadora. En un primer momento, pienso en volver
a los jardines y sentarme un rato en el césped. Pero antes de salir de la
lavandería, entra el hermano de Carolina. Supongo que ya habrán terminado de
tener su charla de hermano a hermana. Des de que estoy aquí, y después de
hacerle estos dos meses imposibles a Carolina, pocas veces la e visto triste o
sin una sonrisa en la cara. A pesar de estar lejos de su gente y a pesar de
estar encerrada en estas cuatro paredes, siempre intenta tener una sonrisa.
Cuando le gritaba por que me decía que
estudiara, o que era hora de ir a clase, ella respiraba profundamente y volvía
a intentarlo. Y si ve que tengo ganas de discutir me sonríe y se va. Dos meses
no dan para mucho, pero voy a tener que estar seis meses con ella y
acostumbrarme a las visitas de su hermano.
- Hola. – le saludo después de
respirar profundamente para no hablar mal.
- Hola. Si quieres puedes ir a la
habitación. – niego con la cabeza y dando un saltito me siento encima de la
secadora donde esta mi ropa.
- ¿vosotros ponéis la lavadora? – el
tono de mi voz sale más agresivo del que quería. Pero ya no puedo rectificarlo.
- No mucho, la verdad. – él parece no
haberlo notado, ya que me sonríe cuando acaba de hablar. Tiene una bonita
sonrisa. Sé que tendría que estar pensando en Alex, pero esa sonrisa hace que
me olvide de todo unos segundos. – pero ya he manchado los dos uniformes y esta
semana no vienen a visitarnos.
- ¿la has puesto alguna vez? – niega
con la cabeza. - ¿Cuántos años lleváis aquí?
- Este es el quinto año. ¿por? – abro
los ojos como platos. No me lo puedo creer que en cinco años no haya puesto una
lavadora. No puedo evitar soltar una carcajada con un poco de sarcasmo.
- Por nada, me voy.
- ¿Me puedes ayudar? – dejo escapar
un suspiro. Pero asiento con la cabeza.
La verdad que
es bastante torpe poniendo la lavadora. Tengo la extraña sensación que no será
la primera vez que le tenga que ayudar, ya que cuando acabamos de poner la
lavadora, he dicho que ahora ya la podía poner él solo y se ha rascado la
cabeza y me ha dicho que ya no se
acordaba de lo primero que habíamos hecho. Yo he negado con la cabeza, pero no
e podido evitar sonreír.
- Dentro de una hora acabara, yo tengo
que venir aquí a sacar la secadora dentro de cuarenta minutos, si estas aquí te
ayudo a poner la secadora, si no… te tendrás que buscar a otra.
Y sin dejar
que me conteste salgo de la lavandería por la puerta donde da a la parte de las
chicas. La cierro detrás de mí. Todas las chicas tenemos una especie de tarjeta
con un código. Cuando la pasamos por un detector se abre la puerta. Los chicos
tienen el mismo método pero con diferente código.
Cuando llego a
la habitación me dejo caer encima de mi cama, que por cierto esta toda desecha.
Carolina esta sentada en el escritorio
con su portátil. Esta hablando con un chico, debe de tener un o dos años más
que nosotras. La verdad que después de hablar con el hermano de Carolina,
pienso más que son unos niños de papas, que tienen más dinero de lo que pueden
gastar. Yo estoy aquí de forma de castigo. Si, un castigo que a mis padres les
esta saliendo por un ojo de la cara. Pero ellos, como lleven cinco años de
castigo, los dos… no creo.
Cojo mi
reproductor de mp3 y me pongo los auriculares. Dejo que mi mente deje de
pensar. Es sábado, no voy a pensar en
que me tengo que quedar aquí encerrada. Miro el reloj y veo que son las nueve y
media. Dentro de dos horas Amaia me despertaría diciendo que fuese a su casa,
que teníamos que cuidar a su hermano pequeño. Era la rutina de todos los
sábados por la mañana. Des de hace tres años. Siempre me llama cuando tiene que
cuidar a su hermano, y las primeras veces me decía que su madre no se fiaba de
que cuidara ella sola a su hermano. Sin
poder evitarlo sonrió como una tonta.
- Verónica, me puedes… - oigo que me
esta hablando, pero no tengo ganas de hablar, así que hago como si no la
hubiese oído. Pero no sirve. Se levanta de la silla y se sienta en mi cama. me
quita un auricular. -¿Qué te pasa?
- ¿a mi? – ella afirma con la cabeza.
– nada, ¿por? – mi voz sale con un tono un poco brusco, pero no tanto como al
principio.
- Estas llorando.
- ¡Eso es mentira! Yo no lloro. –
acerca una mano a mis mejillas y con el pulgar me acaricia.
- Mira. – tiene una pequeña gota de
agua en la punta del dedo. – no es malo llorar, no te hagas tanto la dura,
Verónica. Tus padres no te ven, puedes hacerte la dura con ellos, pero yo no te
he hecho nada. – sé que tiene razón, pero… - yo no se lo diré. Incluso te dejo
hablarme mal cuando ellos estén...
M.Luque.
PD:
Aquí os dejo el primer capitulo de esta historia, espero que
os guste.